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Ángeles Grasa Pelegrín
Memoria sumergida

Imagen: Cristina Escartín Grasa

29 de julio de 2026 · 2 min lectura

Memoria sumergida

Texto completo de "Memoria sumergida", publicado originalmente en la revista Viello Sobrarbe, n.º VIII.

Por Ángeles Grasa Pelegrín

MEMORIA SUMERGIDA

El gallo canta la última alborada.

La lluvia leve cala los tejados.

Cerraron la compuerta, los postrados

habitantes presienten la emboscada.

La lluvia en la piel cae y amortaja.

La plaza los sentidos sobrecoge,

inundada; y las tumbas bien selladas,

cubiertas de hormigón, son anegadas:

la tierra que los echa, los recoge.

Todo se apaga, el cielo remansando.

La Peña Montañesa a lo alto implora.

Tras los postigos ruge y late la hora

de las almas que aquí van ahogando.

La vida escapa y entre llantos buscan

en el fango raíces de la tierra,

la misma que en el lodo los entierra,

legado bajo el barro que rebuscan.

Los viejos se despiden. Un manto

de niebla gris envuelve el pueblo entero.

Las casas, con manteles y brasero,

son lámparas ardiendo en su quebranto.

Joaquina burló todas las órdenes.

Toma el último tronco del leñero

y enciende el fuego; siente el tiempo efímero

fundirse en fotos, polvo en almacenes.

La ceniza quemando sus mejillas.

Con manos temblorosas, justo al filo

de las cinco,

el reloj para y exhala

las horas que se aquietan en la sala,

y cierra el ventanuco frente al tilo.

Huele a fuego apagado,

a humedad vieja.

Llega la noche. El fango oscuro escala;

y afuera el mundo ronda en cruel zozobra,

mientras anega tierra insomne y su obra

va inundando la alcoba de zagala.

En su noche más honda quebrará,

oyendo cómo el vidrio cerca estalla

en ecos que golpean cual metralla,

y un adiós que en el pecho sangrará.

Gatos en los tejados. Filigranas

de oro brillan danzando en el pantano.

Joaquina, sus lirios en la mano,

ya parte al son doliente de campanas.

Se desliza por cauces olvidados,

donde el barro que emerge en su memoria

y fluye en cada gota de la historia

arrastra hondos silencios sepultados.

El gallo entona

un réquiem

por Mediano.

Una rama de olivo, fiel ofrenda,

brota en el campanario. La leyenda

sumergida susurra en el pantano.

Y su memoria quieta sobre el agua,

un lirio flota al toque de campanas.