04 de mayo de 2023 · 1 min lectura
Peña montañesa
Un lucero a ras de suelo, a la lumbre de un candil, surca su manto de añil hasta perderse en el cielo.
Por Ángeles Grasa Pelegrín
PEÑA MONTAÑESA
Un lucero a ras de suelo, a la lumbre de un candil, surca su manto de añil hasta perderse en el cielo.
El Sobrarbe la corteja con el sol de amanecida: noche de San Juan vencida que en el manantial festeja.
Un gorrión mece su rama contemplando la atalaya, de la mano me alza yaya envueltas en la retama.
La Peña lleva en su cara el hechizo de una mora, que el cadí ya no enamora por lucir cristiana y clara.
Y Sobrarbe, en un zafiro, rinde su amor a la amada, con rostro de enamorada la Dama le da un respiro.
La nieve viste la cumbre, un collar de nubes bajas, el arco iris por alhajas y que la Peña deslumbre.
Sobrarbe, traje nupcial, la desposa en las alturas para un amor sin fisuras grabado en el pedernal.
El Cinca, dulce murmullo, refleja los esponsales, crece el amor a raudales bajo el azul en arrullo.
Aínsa vela en la tarde la piedra en rosa encendida que al velo lleva prendida, mas la Dama no hace alarde.
La noche viene de artista y se encienden los faroles, los amantes son crisoles, danza al compás del Pianista.
Ángeles Grasa Pelegrín